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domingo, 10 de enero de 2016

El libro de Adán (Primeras palabras publicadas y traducidas sin revisión)

Tablilla 2: La flor prohibida

Una de las flores prohibidas nació ahí. No sabría decir si en el mismo lugar donde estuvo el cuerpo de Nuestro Gran Señor porque eso sucedió muchos años antes de que yo o cualquier otra persona pisara esa inmemorial tierra.
Autor: Rafael Araujo. Título: Flor Prohibida. Técnica: Gouache.

Me dijo el viento que YHV la prohibió porque le recordaba al ángel radiante que cayó por su soberbia y porque lo retó en belleza. Sospecho que es uno de los atributos más importantes cuando se habla de poder pues la belleza es un atributo construido que se impone de acuerdo a criterios previamente establecidos y que dan fuerza a quien así lo decide.
Con palabras que nadie quiere repetir fue señalada como símbolo de desafío al poder divino pero, en su corazón, el Señor tuvo piedad de ella pues Él mismo, en su divina sabiduría y amor, la creó para regocijo de quienes habitan el mundo, especialmente en aquellos días de pureza e inocencia donde hombres y mujeres aún no habían sido creados. De esa manera esta flor de extrema hermosura tuvo la fortuna de seguir existiendo y reproducirse.
Mucho tiempo pasó antes de que existiéramos. En algunos lugares esta bonita flor crecía y moría continuamente, mientras que en otros sitios no pudo reproducirse y por eso no existe ahí. Así, cerca del Árbol del Bien y del Mal, cerca del río que nutre la vegetación, se veía una planta radiante porque en todo tiempo tenía de estas primeras flores cuya forma recuerdan los misterios de la vida y de la procreación. Sus pétalos invitan y protegen una vulva cavernosa de donde nace una lengua húmeda que invita al amor.
Autor: Rafael Araujo. Título: Orquídea del paraíso. Técnica: Gouache.

Dicen que esa planta supo por el agua divina que Dios estaba pensando en mujer y que visitaría el lugar para formarla de sus pétalos, tallos y hojas para que pudiese forjar un ser bello y radiante. Así, la planta decidió morir para no entregar sus secretos a ser creado alguno.
Cuando YHV llegó, no había arbusto, ni flor alguna. Pero en su grandeza, pensó y usó la tierra donde estuvo alguna vez la planta de las orquídeas para formar a la primera mujer. Le agregó agua del río. Amasó por horas hasta lograr la consistencia perfecta. Del sol agarró una llama y coció la figura. Cuando el barro tuvo firmeza, sopló sobre el rostro y le dio vida. Se dio cuenta que no había fracasado, la llamó Lilith y pensó en crearme del mismo lodo, así lo hizo.